1. No tener claro el por qué.

Lo primero que debes plantearte cuando quieres atacar cualquier proyecto es la razón fundamental por la que lo quieres llevar a cabo. Este ejercicio es fundamental porque, si no consigues enunciar una razón de suficiente peso, probablemente no debas empezar—o abandonarás en cuanto aparezcan los primeros problemas. Lo que sea que vayas hacer, debería dejarte más cerca de tu forma de vida ideal.

2. No tener una visión clara del resultado final.

Empezar con el final en la mente te permite activar toda tu energía y tus habilidades para llegar al resultado deseado. Si no tienes clara la dirección que debes tomar, no serás capaz de establecer con exactitud los pasos necesarios para llegar allí.

3. No definir tus objetivos.

No me refiero a no saber lo que quieres; por supuesto, lo sabes. Me refiero a hacer un ejercicio algo más profundo y escribir de forma clara cuál es el resultado que esperas lograr. Si no concretas tus objetivos, tu cerebro no podrá desarrollar las estrategias ni la planificación necesaria para llegar al resultado deseado, y corres el riesgo de estancarte o ir dando tumbos sin llegar a ningún sitio.


4. No definir una fecha límite.

Si no lo haces, hay muchas probabilidades de que el proyecto se quede en un simple sueño y no llegue nunca a buen puerto. Esta es la mejor motivación para lograr las metas; te ayudará a saltar de la cama cada día para lograr lo que quieres. ¿Sientes la fecha límite como una presión? ¿Te da miedo no poder cumplirla? La fecha no es el fin en sí mismo, así que no alcanzarla no significa fracasar. Si no la has alcanzado, al menos vas a estar mucho más cerca de tu meta. Si llega el caso, ajústala de nuevo y continúa.

5. Quedarte quieto.

Pensar es importante porque nos prepara para hacer las cosas, pero no dejes que el exceso de análisis te lleve a la parálisis. Para hacer las cosas hay que dejar de pensar y empezar a actuar. Vale más un buen plan en movimiento que un plan excelente en preparación. Haz un plan decente, muéstralo a otros para que te digan que no estás loco, y adelante, da el primer paso.

6. Esperar a tener toda la información para tomar una decisión.

El camino hasta alcanzar tus metas esta plagado de cruces y desvíos. Y no siempre está claro cuál es la mejor opción. Cuando dejas de tomar decisiones entras en punto muerto, dejas de tener el control y el proyecto gana puntos para ir a la deriva. Hay que arriesgarse y avanzar. La intencionalidad es clave para alcanzar tus objetivos. Si sientes que te estancas, toma una decisión y pon un plan en marcha. No tiene que ser perfecto, ya irás rectificando por el camino.

7. Llevar el paracaídas puesto.

La mayoría de los fracasos vienen porque el compromiso no es total. Si no te arriesgas, entonces estas jugando, y si estás jugando, tu cerebro ya está predispuesto a fracasar. Si tienes un paracaídas, tirarás de él al menor problema. Debes comprometerte y poner toda la carne en el asador. Recuerda que tienes una buena razón para ello (¿has leído el punto 1, verdad?).

8. Miedo al fracaso.

Los momentos en los que aparecen dudas son los peores. No estás seguro de llegar a tu destino y te martirizas pensando si vale la pena todo el esfuerzo. ¿Sabes qué? Si no intentas hacer algo porque tienes miedo a fallar, ya has fallado. El miedo al fracaso hace que una mala relación se convierta en un mal matrimonio y que un trabajo odioso se convierta en una prisión de por vida. La falta de decisión es una decisión en sí misma.

9. Miedo al éxito.

Es menos evidente y más habitual de lo que parece. ¿Qué pasa si lo consigo? Tu cabeza empieza a sabotear la situación, inventando una serie de situaciones incómodas que crees que provocará el éxito. En este caso, hay que volver al punto 1 (¿por qué estoy haciendo esto?) y mirar las cosas con perspectiva. Piensa en el beneficio que obtienes si finalizas el proyecto con éxito, en que estarás más cerca de tu forma ideal de vida.

10. Estar sólo.

Algunos proyectos los tiene que hacer uno sólo, pero eso no quiere decir que no puedas compartirlos. Si haces público tu proyecto y lo cuentas a quien le pueda interesar, tendrás una fuente de motivación extra cuando se te haga cuesta arriba. Busca tu comunidad. Hagas lo que hagas, otros lo habrán hecho antes y te pueden ayudar o aconsejar. Busca apoyo y también puntos de vista diferentes. Si ayudas a otros en su viaje, ellos te ayudarán en el tuyo.

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